El motor genera calor suficiente para fundir sus propios componentes si no se refrigerase. El circuito de refrigeración extrae ese calor y lo disipa en el radiador, manteniendo el motor en su temperatura óptima (~90 ºC).
- El termostato es la clave del sistema: mientras el motor está frío, lo mantiene cerrado (el líquido circula solo por el circuito corto, sin pasar por el radiador) para que el motor alcance temperatura rápidamente.
- Cuando el termostato se queda bloqueado abierto, el motor nunca llega a temperatura — el coche no calienta y aumenta el consumo.
- Cuando se queda bloqueado cerrado, el motor se sobrecalienta rápidamente — emergencia inmediata.
- La calefacción del habitáculo usa un pequeño radiador (aerotermo) por el que pasa líquido caliente del motor — por eso si el nivel de refrigerante es muy bajo, la calefacción no calienta.
Circuito de refrigeración — Harkonnen2 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
Señales de una junta de culata comprometida
Cuando los gases de combustión se filtran hacia el circuito de refrigeración por una junta de culata dañada, aparecen burbujeo continuo en el vaso de expansión (más allá del propio hervor), pérdida de refrigerante sin fugas externas visibles, humo blanco persistente en el escape y, en casos avanzados, el aceite del motor adquiere un aspecto lechoso por mezcla con refrigerante.
- Un comprobador químico de gases en el refrigerante (block tester) detecta la presencia de CO₂ de combustión en el vaso de expansión, confirmando la sospecha sin necesidad de desmontar la culata.
- El termostato puede probarse fuera del vehículo sumergiéndolo en agua calentada progresivamente y comprobando con un termómetro a qué temperatura empieza a abrir, comparando con el valor grabado en la propia pieza.